Cuánto valen los abrazos que no nos podemos dar?: las lecciones  que deja la pandemia…

clarin.com – El psicólogo Alejandro Schujman sostiene que depende del rol que ocupemos ante la crisis, que la película sea una de terror o una épica.-

El mundo se puso raro. Ya era raro antes, pero una extrañeza a la que estábamos acostumbrados. Éramos parte del problema, estábamos dentro de él. 

Estaba casi todo al revés, pero en un desorden de cosas legitimado. Vivíamos mal, muy mal, pero no nos dábamos cuenta. Y pensábamos que nada podíamos hacer.

Y de repente, como en los sueños (pesadillas para mejor decir), todo fue diferente, un grito desde el universo dijo “paren”.

Teníamos certezas, o eso creíamos. Hacíamos planes, mejor o peor, éramos dueños de nuestras vidas. O eso creíamos. Y de repente llega el mensaje a interpelarnos y decirnos: ¿Te pensaste que eras tan importante? ¿Creías que podías así, sin más, sentirte inmortal?

Porque vivíamos como si lo fuéramos, menospreciando las señales del universo, maltratando el planeta, posponiendo lo urgente en pos de lo importante, con el foco en nuestro ombligo y construyendo un mundo libre de empatía.

Y de repente, todo cambió. Y estamos viviendo una película de ciencia ficción. Pandemia, y parece el título de una producción de cine catástrofe. Pero no, está sucediendo. Estamos viviendo una de las heridas narcisistas más grandes del último siglo. Somos vulnerables, indefensos, un virus pone en jaque al mundo entero. 

El ser humano precisa sostener la absurda ilusión de que alguna de las variables esenciales del vivir está bajo control. El coronavirus pone en evidencia la fragilidad de esta utopía.

Estamos hoy en el reino de las incertezas, mañana, quién sabe mañana. Y deja al descubierto lo absurdo de este mundo, mundo patas arribas, mundo líquido, prepotente y soberbio.

¿Y ahora? Lo que le pasa al vecino me toca a mí, se terminaron los privilegios, se dio vuelta la historia. O nos cuidamos entre todos o el planeta se derrumba. No somos tan poderosos, un virus microscópico desnuda nuestras miserias y nos confronta con lo verdaderamente importante.

Hoy un médico es más importante que una estrella del fútbol, un grupo de científicos investigando vacunas son la tapa de los diarios y no los influencers haciendo videos de culto al ocio, o la realeza y sus problemas de alcoba.

Las certezas se han diluido, solo preguntas. No hay más planes más que cuidarnos entre todos.

Todas las mañanas me despierto, enciendo mi velador, apago la alarma del teléfono, me cepillo los dientes. Prendo la cafetera, pongo el pan en la tostadora, pan calentito y café recién hecho, aromas que maridan de maravilla. Enciendo mi computadora.

Salgo a darle mis perras Uma y Gala a Gastón, el paseador que todos los días toca dos timbres cortos. Le doy un abrazo de buenos días a Emi, mi vecino y amigo que cruza a abrir su grafica tempranito. El abrazo a mis hijos cuando están en mi casa. Y la jornada empieza.  No acostumbro a agradecer todos estos privilegios, no somos los seres humanos agradecidos.

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