lamenteesmaravillosa.com – Desecha los pensamientos tóxicos y promueve aquellos que te nutren y enriquecen. Esta es la base de la dieta mental, un ejercicio que puede transformar tu vida. Descubre por qué….
¿Cuántas veces has hecho dieta a lo largo de tu vida? Con el objetivo de cuidar tu cuerpo, escoges deliberadamente qué comer, restringes ciertos alimentos perjudiciales y aumentas la cantidad de los más saludables. Ahora bien, ¿cuidas del mismo modo tu mente?, ¿te preocupas por aquello con lo que la alimentas? Si no es así, te invitamos a conocer y probar la dieta mental.
Has de saber que tus procesos mentales son, en gran medida, responsables de cómo te sientes, de los éxitos que logras y de las oportunidades que dejas escapar. Así, si te sientes triste, frustrado o desesperado, si no te gusta tu realidad actual, revisar tu contenido mental es un importante primer paso.
Que es la dieta mental ?….
El término dieta puede definirse como el control o la regulación de los alimentos que una persona ingiere, con el fin de lograr un fin específico. Así, existen dietas para perder peso, para ganar masa muscular, para mejorar el estado de salud… En todas ellas se toman decisiones conscientes y deliberadas de lo que se introduce en el organismo.
De igual forma, la dieta mental consiste en establecer el tipo de contenidos cognitivos que deseamos sostener, promoverlos, y descartar aquellos que no vayan alineados a nuestro objetivo. En palabras más sencillas, consiste en hacernos cargo de lo que pensamos.
Seguramente creas que esto es algo sobre lo que no tienes control: los pensamientos simplemente vienen, motivados por las circunstancias que vives en cada momento y no hay nada que puedas hacer, ¿verdad? En realidad, nuestros patrones de pensamiento no son más que hábitos, nos hemos acostumbrado (o nos han programado) a pensar de un modo determinado. Sin embargo, podemos realizar cambios al respecto.

Como puede ayudarte ?…
Tal vez te estarás preguntando por qué necesitarías hacer dieta mental, ¿por qué invertir esfuerzo en cambiar esa serie de patrones de pensamiento que vienen acompañándote durante años? La realidad es que puedes experimentar transformaciones profundas y muy positivas si comienzas a ponerlo en práctica. Entre las principales se encuentran las siguientes:
1. Mejora la relación contigo mismo…
La relación que tienes contigo es la más importante de cuántas hay en tu vida. Ten presente que tú estás a tu lado 24 horas al día, 365 días al año. Si esta relación no es positiva, estás conviviendo con una voz que constantemente te recuerda que no eres válido, que no mereces; te recuerda cuántos errores cometes y las veces que has fracasado, te convence de que no lograrás nada y, en definitiva, te hace sentir miserable.
La dieta mental crea el hábito de hablarse a uno mismo con amor, respeto y compasión. Moldea la imagen que tenemos de nosotros aumentando la autoestima, mejorando el autoconcepto y convirtiéndonos en nuestros mejores aliados.
2. Favorece estados emocionales positivos…
La ansiedad, el miedo, la tristeza, la frustración, la desesperanza… todos nuestros estados emocionales son el resultado directo de nuestros pensamientos. Si hacemos una limpieza mental, si comenzamos a seleccionar qué tipo de creencias admitimos y potenciamos y cuáles no, el modo en que nos sentimos cambiará drásticamente.
3. Te ayuda a afrontar la adversidad…
Cada vez que afrontamos un obstáculo o una adversidad, ponemos en marcha el dialogo interno. Este nos ayuda a interpretar y procesar lo que está sucediendo y decide qué tipo de acción tomaremos.
Mediante la dieta mental puedes conseguir que ese diálogo sea motivador y empoderante, que te ayude a relativizar, a mantener una actitud optimista y a considerarte capaz de salir adelante.

4. Te acerca a la consecución de tus metas…
Para alcanzar una meta, tenemos que convertirnos en nuestros propios entrenadores personales. Hemos de motivarnos y creer en nosotros mismos, guiarnos durante el proceso, redirigirnos cuando se haga necesario un cambio de rumbo…
Estas directrices son imprescindibles. Sin embargo, no nos las ofrecemos a nosotros mismos, por lo general. Nuestra mente divaga, no tiene claridad, y con frecuencia nos recuerda lo complicado de nuestro objetivo o lo lejos que estamos de alcanzarlo.
